15/7/11

Algo mas...

A veces simplemente escribes por escribir. A veces está la necesidad de sacar las cosas, plasmarlas. ¿Y por qué no? La necesidad de ser leído. ¿Depura? No lo sé, no me interesa. Hoy solo quiero escribir.




Hay momentos que se... No sé como decirlo... que se disfrutan. Pero no es solo disfrutar. Es algo especial, algo que va mas allá de un simple placer momentáneo, de una sonrisa, de un silbido. Algo que trasciende en las personas. Creo que para cada quien debe de ser diferente, o al menos no he puesto tanta atención en los demás con relación a este aspecto. Supongo que cada quien tiene sus momentos "especiales" en la vida. Los pequeños detalles que hacen que algo brille mas ante tus ojos que frente a los ajenos.

No pretendo creer que todos somos especiales y cada quien se fija en cosas distintas. Y espero que alguien comparta la simpleza del momento que eriza mi piel.

Hay una especie de mecanismo que hace que el tiempo se pare al estar con alguien. Un reloj que alarga el momento pero acorta las horas. Para mi este incomprensible evento ocurre siempre. Después de un abrazo... un beso...

Puede parecer simple, o tonto, pero es algo que puedo agradecer de la mayor parte de las personas con quien he estado, tanto en relaciones puramente sexuales como aquellas que implican un sentimiento mas profundo. Si bien he sufrido decepciones como el 100% de la gente, y decepciones que me han marcado por tontas que sean. Haciendo una corta remembranza de mi poca vida, he compartido mi cuerpo con gente increíble. O que al menos lo ha sido para mi en ciertos momentos y etapas.

No ha habido uno con quien no hubiera un escalofrío. Podría pensarse fácilmente en que esto reduciría mis encuentros a una misma categoría, no habría una jerarquía en ellos. Y siendo sincero amaría eso, la despersonalización, para satisfacer un ego idiota que haría mas fáciles las cosas. Pero no es así, todo ha sido diferente.

No es mi objetivo hablar de cada uno, como si fuesen trofeos marcados en mi piel. Solo quiero describir esa sensación que sigue resultandome tan única, a pesar de que aseguraría de que es la misma.

Todo empieza con una especie de neblina. Pero no una neblina física. Es mas bien como si te encontraras terriblemente solo, escondido entre celofán. ¡Eso es! Celofán... es como un regalo olvidado, del que ni tú te acordabas. Ok, estás escondido, atrapado, y lo sabes. Pero repentinamente dentro de esta niebla que consume aparece una mirada. Calor. Pero es un calor especial. Mucho mas rico que el que sientes una mañana fría cuando comienzan a invadir los rayos del sol.

Bueno, llega el calor y es inevitable sentir escalofríos, por contradictorio que parezca el calor arrastra un maldito aire gélido que recorre tu espalda, inicia en la nuca, paraliza tus brazos y termina en tu cadera, inmovilizando de la misma manera tus piernas. El maldito calor te envuelve. Ahora tu mirada está perdida. La luz se concentra solo en tus ojos, no ves mas allá de ella. El calor es ahora tu vista, pero no es solo eso. Tu cuerpo, tu cabello, tu pie... todo es parte del calor. Toca tu mano, tu rostro. Miras un par de ojos. Dos ventanas a un mundo que sabes que nunca vas a comprender, y aún así mueres por que te devoren.

En ese momento estás perdido. Eres esclavo, podrías esta frente al ente mas cruel y no importaría. En ese momento son solo uno. No lo arrastras, no se lleva una parte de ti... simplemente comprendes que son lo mismo.

Es esta conjunción, esta especie de abnegación activa lo que encuentro increíble, y quizá la forma en que lo intento describir no sea suficiente. Tal vez solo son un montón de palabras sin sentido, pero tal vez solo de esa forma se puede hablar de algo que carece de él.

26/6/11

Pequeño diario de un Arma (1)

Simplemente me transformé, desde hace unos días soy un arma, de cierta forma es peligroso estar conmigo. Cada historia supongo que es diferente. Ya sea el deseo subconsciente de decaer poco a poco a causa de la pólvora que circula en nuestro ser, o un simple accidente donde tu cuerpo se interpone en una bala perdida que se termina asimilando con los mismos resultados. El veneno recibido tiene el mismo fin.

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¿Para qué se crea un arma, sino para matar? Al menos eso es lo que pensaba, pero ahora que yo soy el arma... Lo menos que quiero es hacerle daño a alguien más. Es graciosos pensar que el gozo mas grande para algo en esta condición, su función máxima, el disparar, algo que nos debe brindar placer, sea lo mismo que acabe con otros.

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Sigo sin comprender bien el funcionamiento de todo este mecanismo, lo más parecido son esas estúpidas películas de zombies... pero ni siquiera esa ficción se compara. Me pregunto si los monstruos se crearon para hacernos ver que nuestra realidad no es tan mala, que podríamos estar peor... Imaginen a un ser cualquiera, tu amigo, tu hermana, tu papá, tú. Están jugando tranquilamente con su "Arma", claro sin saber lo que ésta puede hacerles. Y de repente, se dispara. La bala penetra en sus cuerpos. Uno podría pensar que traspasaría la materia, que las leyes de la física, todas esas mentiras de la energía cediendo ante energía y convirtiéndose en algo mas, aplicarían en esta ocasión. Pero estas balas no traspasan, no hieren. Solo se depositan cómodamente en las personas, las convierten en armas. Llenan de pólvora su sangre, llenan de dióxido de carbono sus pulmones, mercurio sus lágrimas. Es un nuevo organismo. Y la energía vital se desvanece con el paso del tiempo, dejando lo orgánico por algo sin vida. Hay algo peor que los vampiros y los zombies...

21/4/11

Cuento (1)

Simplemente desapareció.

Serían las 8 de la mañana cuando la familia Ibañez tomaba su desayuno.
-Como siempre, todos nos habíamos levantado temprano- decía la señora Gabriela Ibañez con lágrimas en los ojos.
Huevos revueltos con jamón, pan tostado, jugo de naranja, café o leche. Lo de siempre. Julián Ibañez y los hijos Dalia e Ícaro Ibañez,como era su costumbre, comían lo preparado de manera mecánica.
-¿Qué esperaban que hiciéramos? Si siempre preparaba los mismos malditos huevos, yo estaba harto, supongo él también- gritaba años después Julián Ibañez a sus compañeros de trabajo en medio de una cantina, ya ebrio, con el cuerpo vacío. Pero ese día, Julián permanecía ahogado en las letras del diario matutino, que mostraba los catástrofes del día a día sin que él imaginara que dentro de poco nadaría por las páginas amarillas que ahora le parecían tan absurdas. Repentinamente echaba miradas a los tres comensales que asistían a su banquete. Porque era suyo, su momento del día, de nadie más. Donde todos le servían sin esperar nada a cambio mientras el gozaba con su tiranía.
- Pásame los frijoles - ordenaba fríamente a Dalia, interrumpiendo al tenedor que planeaba graciosamente hacia los labios de la joven. -¿Ya está el café?- gritaba imperativamente a la señora Gabriela Ibañez, que feliz por llegar a tomar asiento y comenzar a disfrutar de sus creaciones, después de servir a sus criaturas, tenía la obligación de responder ante semejante orden. -Sírveme mas jugo- e Ícaro, evadiendo los obstáculos que se interponían entre el y la jarra rosada, estiraba a mas no poder su brazo apenas rozando el asa, haciendo un esfuerzo por acercarla mentalmente, solo para que su padre interrumpiera sus intentos, agarrando el jugo que estaba a menos de tres vasos de distancia de el señor de la casa. Se servía el jugo, y exclamaba lo mismo de todos los días, -Son una bola de inútiles- levantaba su pesado cuerpo, monte de carne y huesos, y salía de la cocina.

Al rededor de las 9:30, quizá acercándose mas a las 10, Gabriela Ibañez prendía el boiler, para calentar el agua que la despertaría totalmente ese sábado en la mañana. Sin su baño no era nada, sino un autómata. No entendía como era posible que cada sábado, cuando ella salía a comprar pan, sin que la luz del sol saliera completa aún, se encontrara siempre a su hija llegando campante y sin señal de agotamiento. Su maquillaje corrido, el cabello transformado en el mas vil nido de ratas, y siempre con una prenda distinta de las que llevaba puesta la noche anterior. Su cuarto era ya un museo de prendas, de estilos disonantes que cada Sábado adquiría una nueva pieza que contrastaba con lo ya contrastante. Dalia, sonriendo, se acercaba a su madre, ésta esperaba siempre el aliento agrio del alcohol, o el rugoso aroma del tabaco en el cuerpo de su hija. Pero nunca lo encontraba, conservaba el mismo aroma a jacaranda que desde nacida impregnaba el aire que acariciaba su cabello. Nunca había nada que recriminarle. Salvo las siempre presentes lágrimas puestas en evidencia por el rimel que la noche anterior habían escurrido por las mejillas de Dalia.
-Las lágrimas de una mujer nunca se cuestionan- pensaba Gabriela, al ver cada sábado en la mañana a su hija. Viajaba entre las memorias de su adolescencia, en las lágrimas de su hija veía sus lágrimas pasadas, sus desamores, al primero y al único, a Javier.-Al único que nunca olvidaré... después de mi marido claro está- se apuraba a rectificar.

A las 10:30, habiendo terminado en silencio algunas tareas domésticas y sin intercambiar ni una simple letra, Dalia e Ícaro se retiraron a su respectiva habitación. Parecían tener su propio pequeño espacio, kilométricamente separados entre sí y del resto de la casa. Eran espacios únicos y aparentemente independientes de todo lo que ocurría en el resto del mundo. Dalia, en el fondo del pasillo giraba ala derecha, abría una enorme puerta blanca que poco reflejaba el caos que reinaba dentro del lugar. Dentro de aquel cubo perfecto solo se encontraban dos cosas, una cama antigua de caoba, siempre bien arreglada con sábanas color de nieve; y el desorden. Al entrar, Dalia se quitó el terrible suéter gris que la envolvía, y dejó al descubierto una blanca camiseta holgada. Siempre vestía de blanco. Realmente no sabía porqué, pero sentía el deber de hacerlo. Su madre, siempre le recriminaba tal hecho.
-¿Porqué siempre de blanco Dalia? Tus ojos negros espantan- Eran dos soles negros, en medio de un cielo níveo. No le servía que el blanco remarcaba lo pálido de su rostro y marcaba sus venas como ríos de lluvia en un desierto de sal. No le favorecía, pero era feliz haciéndolo.
-Eres como tu abuela. Siempre con esa necia falta de calor- Dalia no recordaba a su abuela, pero tenía un retrato de ella sobre su cama. Esa pequeña sección de su cuarto era lo único que no parecía tener sentido, recordaba a una escena en blanco y negro de alguna antigua película, donde una mujer, cuyos ojos no envidiaban al negro profundo, era la única protagonista. Dalia no recordaba a su abuela, en verdad no lo hacía, pero esa foto ambigua, llena de contradicciones cromáticas le hacía sentir una inmensa alegría. Ella quería convertirse en esa mujer. Ese recuerdo era su santuario. Ahí estaba ella, viviendo el blanco y el negro en una televisión technicolor. En medio de un mundo de desorden donde todo le obligaba a seguir ríos, corrientes, donde al final,como cardumen de sardinas, se estancaban estáticas en un orden ilógico, bello, pero realmente ilógico.

15/3/11

El Beso

HOMBRE
MUJER

Todo ocurre en un peñasco abarrotado de flores. Luz tenue.

Entra HOMBRE agitado,como escapando de algo. Cae en el piso, y recupera su aliento.

HOMBRE: (Desesperado) Tienes que llegar, antes de que amanezca debo verte.

HOMBRE permanece en el suelo. Se escuchan pasos, voltea asustado, entra MUJER cubierta con una capa amarilla. Ambas figuras se miran fijamente. Demuestran una gran sorpresa y una pasión contenida ante el encuentro. MUJER se acerca, descubriendo su cabeza, rodeando a HOMBRE que no deja de mirarla y lentamente bajando la capa para revelar unos hombros desnudos. Se hinca al lado de HOMBRE. Contienen el contacto, se acercan casi rozándose pero sin llegar a tocarse, mientras miran el cuerpo del otro. MUJER coloca su brazo derecho alrededor del cuello de HOMBRE, tapándolo con su capa. Hombre con su mano izquierda acaricia el cabello de MUJER y con la derecha toca su rostro. MUJER con su mano izquierda trata de contener a la mano derecha de HOMBRE pero lentamente cede. HOMBRE besa la mejilla de MUJER.

Lentamente se ilumina la escena. Cuando se ven completamente los cuerpos y el beso, ambos personajes se envuelven en la capa amarilla, desapareciendo en ella, dejando solo un bulto cubierto de flores en una escena con luz de amanecer.

Fin

10/1/11

No pertenezco

Mis pasos no suenan
No crean un eco que muere casi al instante
El agua de la lluvia no empapa mi piel
Y el gélido aire atraviesa lo que alguna vez fue mi cuerpo

Mi voz se encuentra con tus oídos
Que se empeñan en buscar el susurro de una sombra
Restos imperceptibles de mi ser
Me deshago a la par que el humo de tu cigarro

21/11/10

Artistas (2)

"Crucificaremos a los mentirosos esta noche...", algo así decía la canción que escuchaba en ese momento. La película estaba a punto de empezar, y lo único que pasaba por mi cabeza era el querer huir de ese lugar. Evidentemente no lo hice. Me abrazó, no podía hacer nada mas, era algo así como nuestra última cena. No recuerdo que película era, no recuerdo si la vimos, o si nos la pasamos intercambiando saliva, pero estuve toda ese tiempo en la incomodidad de no saber que pasaría después. Él no tenía nada en mi contra... pero yo si contra él. Acabó y salimos. Me acompañó hasta el puente donde nos despediríamos. Y no recuerdo claramente que pasó, pero algo que no puedo olvidar son muchas lágrimas, lágrimas saliendo del rostro de alguien, por mi culpa. Me abrazó y contesté ese gesto. Dije algo... no se qué, pero estoy seguro de que dije algo. Se tranquilizó, sonrió y me abrazó mas fuerte. Me tenía que ir. Sacó de un morral multicolor que cargaba una carta, me la dio, excusándose por el atrevimiento de hacerme algo así, tan infantil. Nada es infantil para un niño. Se fue hacia el otro extremo del puente. Yo me quedé ahí un rato, viendo los autos desde lo alto. Me aburrí y bajé, tomé un camión hacia mi casa. Empezó a llover en el trayecto, y aunque me mataba la curiosidad no me atrevía a leer lo que contenía el escrito. Después de un rato, al bajarme del camión, aún lloviendo, corrí por la calle de mi casa. Pero las gotas eran demasiado molestas, me paré debajo de un techo que sobresalía de la entrada de una casa y me senté. Veía las gotas caer frente a mi, y nada mas, no pasaba nadie y las casas habían sido ya antes tan vistas por mis ojos que me parecían aburridas. Recordé la carta y la saqué de mi bolsillo. Pensé bastante antes de abrirla, pero lo hice, la leí. Al terminar no hice nada mas que romperla y tirarla en un lote baldío que se encontraba por ahí. La lluvia ya no era tan fuerte, corrí hacia mi casa. Volvimos a ir al cine mas veces, siguiendo el mismo ritual que habíamos acordado de manera inconsciente. Pero un día, no aparecí.

Serían las dos de la mañana, como de costumbre, me encontraba en la computadora. Leía un correo que me había mandado tiempo después de que intenté cortar toda comunicación con él. Me harté, apagué la computadora y me dormí. Al día siguiente salí a caminar, era un día nublado, pero extrañamente confortante. Me senté en frente del lago, y lo observé por un tiempo y me quedé dormido. Me despertaron de aquél sueño unas pesadas gotas de lluvia sobre mi rostro. Me quedé tirado un rato mas hasta que comenzó a llover mas fuerte. Me había empapado, pero el sonido del agua cayendo contra el suelo era mínimo en comparación con la frase que recorría mi cabeza en aquel momento, acompañada de unos fuertes riffs de guitarra. Había escuchado esa canción muchas veces antes, peor no la comprendí hasta ese momento. Solo esa frase quedó de aquel sueño.

"Nos veremos en el amargo final..."

Desde entonces camino bajo la lluvia.

19/11/10

Artistas

En ese momento, junto al barranco, todo sonido murió. En mis manos se encontraba toda su obra. Serían no mas de 10 dibujos, todos ellos realizados con carboncillo o colores pastel. No sé porqué pero no dejaba de mirarlos, pasarlos una y otra vez. Había una hermosa diferencia entre el gallo de cientos de colores y las formas humanas apenas asimilables. Cada uno tenía su propia historia,un pedazo de vida escondido en el pigmento. El no decía nada, y no me atrevía a mirarlo a los ojos, un pudor ajeno hasta ese momento, no me permitía contemplar al autor de tal desnudez emocional. Él sólo me miraba, quizá esperando una crítica o un comentario, que nunca nació de mis labios. Me detuve en una de sus obras. Un extraño dibujo de tres figuras humanas atrapadas por una especie de alambre de púas. Era el mas simple, pero me había cautivado. Sentí una identificación con él. En algún momento él se encontraba atrapada, como yo lo estaba en aquel entonces. Pasé un gran rato observándolo, hasta que él me interrumpió ¿Ése te gustó?— Respondí que sí y me sonrió. —Sabía que te iba a gustar.— Me sentí extremadamente predecible en ese momento. —Voy a hacer algo que nunca he hecho— tomó el dibujo, sacó una pluma de su mochila, y comenzó a escribir algo detrás de la imagen. —Te lo regalo—. No sabía que hacer. Solo tomé el papel. Él me abrazó. Tomó los dibujos y entró a su casa.Yo me quedé fuera, sólo, con el dibujo y sin saber qué hacer. Leí el mensaje que había escrito. Salió él de su casa. El retorno del sonido de la calle me hizo darme cuenta dónde estaba y la hora qué era, teníamos que irnos. Me acompañó al metro. Presumía en el camino el hecho de no haberme entrado a pasar, porque sabía como acababa eso... sexo. Para pasar después a analizar mi estilo de vida, y darme una terapia sobre mis problemas y carencias de elementos en mi persona, que él buscaba. Extraño. Llegamos al metro, el debía seguir su largo camino a casa y yo el mio solo a unas cuantas estaciones. Nos despedimos con un beso. Nos veríamos al día siguiente, y al siguiente, y al siguiente... o ese era el plan... Quizá nos vimos dos veces mas, y se acabó.

Estaba yo acostado en una banca, dormido. Abrí los ojos y solo se veía el viento agitando las ramas de los árboles. No llegó. Me levanté y caminé a un monumento cercano, donde estaba condecorado el nombre de su abuelo. Me senté frente a aquella placa oxidada y comencé a hablar, a quejarme, a llorar, a contarle al muerto todo lo que no le conté a su nieto. Cuando acabé me encontré con la triste verdad, estaba solo. El sol estaba en lo alto y el viento soplaba, pero estaba solo. Se desvaneció todo, y como única prueba material de aquel cuento, quedó una hoja, con un extraño dibujo que en la parte trasera dice:

"La libertad es una decisión.
Tómala, sé libre"

Desde entonces hablo con las piedras.

15/11/10

La nopalera

-¿Pancho, qué pasó con la nopalera?- Juan estaba evidentemente consternado por el estado de aquella vista. -Pues que así como vino el alemán, se fué la nopalera, Juan-.

Santo Domingo había subsistido los últimos veinte años en base al descubrimiento de un doctor alemán que encontró en el jugo de raíz de nopal y las tunas originarias de esa región, unas sustancias, que el profesor llamaría opultina y que entre los jornaleros llamarían el jugo milagroso de las tunas de Santo Domingo. Inmediatamente se volvieron el boom en la alta burguesía europea, especialmente aquellas mujeres que buscaban la juventud transformandose en momias o alguna especie de zombie acartonado. La planta tomó súbitamente una importancia impensable, mas allá del uso de baño que los arrieros le daban después de sus jornadas, cuando debían caminar entre las espinas después de sus medio día a pleno sol.
Súbitamente Santo Domingo se vió lleno de comerciantes, ricos empresarios que compraron terrenos a los habitantes, a los cuales dejaron seguir viviendo ahí con la única condición de que trabajaran para ellos, Santo Domingo no debía de tener mas de cien habitantes en ese entonces.
Se empezó a poblar de güeros, que comstruyeron sus casas en el mero centro de la ciudad. A pesar de su desconcierto ninguno de los habitantes hizo nada contra ellos, es mas, como dije antes, hasta aceptaron trabajar para ellos. Y así vinieron los cambios en todos menos en las nopaleras, al menos al principio. Todos se pusieron orgullosos de haber cultivado una planta que hasta les parecía tan inútil y se pusieron a sembrar mas, abarcando el cultivo varios cientos de kilometros a la redonde de Santo Domingo. Eran todos tan felices, se volvió la capital comercial del comercio del país, un importante centro turístico, donde cada año llegaban enormes excursiones de chinos, gringos, rusos, a estudiar la planta, no solo desde el punto de vista biológico, sino económico. Santo Domingo era todo un ejemplo de progreso, es mas, era un ideal para las grandes potencias que ya habían terminado para ese entonces su vida útil. Que EUA ni que chingados, Santo Domingo y sus tunas. Y así prosperó el pueblo, alegres todo por el milagro. Hasta el día que nadie nunca imaginó que pasaría. Ni Don Rigoberto el sabio, el huesero del pueblo, tan presuntuoso con sus predicciones de catástrofes y caídas, pudo imaginarse lo que pasaría. En plena alienación con el dinero y las grandes fortunas, llegó un águila. Nada menos que un águila real, pensada ya como extinta en ese entonces, que llegó a pararse en un nopal. Cargaba en su hocico el cuerpo ya carente de vida, de una serpiente de cascabel. Ni se hubiera parado ahí porque desató el escandalo entre los habitantes. La antigua profecía se había cumplido nuevamente. Y había llegado con el desarrollo económico de un pueblo tan pinche en un principio, que todos tomaron tal señal como un gran augurio. Eso fué un 9 de abril, declarado ese mismo instante como día internacional del progreso, que mas podían pedir los ex campesinos que se volvieron grandes empresarios, porque claro, mas listos que él alemán reclamaron sus derechos ante las comisiones defensoras de minorías, ya que ancestralmente aquellas plantas eran parte de su tradición medicinal, tradición nacida el día que doña Jesusa se quejaba por la falta de consideración de los güeros hacia los indios, porque ella ya utilizaba desde antes el jugo como bálsamo y por eso se veía tan bien, o eso dijo al menos en su entrevista para Vogue.
Ya tanta presunsión, nacida desde la llegada del águila, debió de haber alertado a algún antiguo dios azteca, porque un día así como aquél en que llegó el alemán, el mismo día en que Don Rigoberto, el huesero, se postulaba para presidente de la nación, el mismísimo día que Doña Jesusa organizaba una marcha en contra de una revista que publicó unas fotos sin su aprobación en que la lonja se le botaba a mas no poder, el mismisisimo día que el águila fué disecada, despupes de morir por la ingesta de una serpiente (ya mutada, por haber ingerido una tuna ahora inyectada con proteínas para su mayor rendimienti), ese mismo día, Tlaloc debió haberse encabronado tanto que de repente el cielo se volvió negro. La mayoría de las personas, o mas bien quienes tenían, corrieron a sus casas. Jamas estuvo el Oxxo de avenida Xochitl tan lleno como aquella noche. De las nubes comensaron a caer sobre la tierra sendos truenos y relámpagos que ensordecieron al pueblo completo. Nadie se atrevió a salir, tuvieron que pasar la noche completa en el lugar que eligieron para esconderse. Pobre de Mauricio que se la pasó debajo de la cama del matrimonio Rodríguez, porque esa misma tarde Don José Rodriguez se le ocurrió llegar temprano, por lo negro dle cielo, a su casa, y acurrucarse con Doña Rosa Rodríguez, que solo podía compadecerse de su amante. Los truenos acabaron a eso de las siete de la mañana del día 27 de julio. Y al salir todos miraron la destrucción a su alrededor, la ciudad aún se reconocía, a excepción de algunos árboles y carros destruidos, pero la verdadera, y quizá la única gran sorpresa que se llevaron los pobladores después del descubrimiento del alemán, fué que la nopalera y el centro de investigación creado alrededor de ésta, estaban completamente destruidos. No quedaba nada, ni la mas mísera tuna o pedazito de espina sobre la tierra. Nadie dijo nada, regresaron a sus casas. Don Rigoberto perdió las elecciones, Doña Jesusa fupe acusada de difamación y fué recluida en el penal de Santa María del Río. Y así con todos los que se hicieron de su fortuna, la perdieron sin mas. El pueblo cayó por spi mismo, se fueron llendo poco a poco los habitantes, y sólo se quedaron algunos, mas por nostalgia que verdaderas ganas.
Juan, que se había ido a buscar trabajo a otros lares, regresó después de varios años al lugar que lo viera nacer. Le sorprendió, mas que el cambio efectuado en el pueblo, el hecho de que parecía mas jodido que antes lleno de tanta chingadera abandonanda. Pasando la esquina de avenida Xóchitl, calle que él conoció como camino de tierra, se encontró con Pancho, a quien al principio no reconoció por lo descompuesto de su semblante. Platicaron un rato de sus familias, ya que Pancho no quería hablar de nada mas. Al llegar a un descampado al final de la avenida, Juan se sobresaltó, ahí recordaba los cientos de nopales acomodaditos como laberinto donde se iban a cagar los arrieros después de sus jornadas.
-¿Pancho, qué pasó con la nopalera?- Juan estaba evidentemente consternado por el estado de aquella vista. -Pues que así como vino el alemán, se fué la nopalera, Juan-.

14/11/10

No pertenezco

No es la noche
no me oculta el brillo rojizo de faroles oxidados
¿Quiero ocultarme?
Quiero ser visto, sentirme desnudo en su mente

Su mano se abandona al camino de mi pecho
El viento atravesado es nuestra música de fondo
Besa mi cuello y se esconde
No pertenezco

10/11/10

No pertenezco

No pertenezco a los labios que han recorrido mi cuerpo
No soy parte del abrazo que aprieta mi torso
No motivo exhalaciones por las noches al ver la luna
No fui, no seré extensión de sus almas

Queda mi cuerpo, extenuado tras la batalla que ambos perdemos
Terminamos regando semillas incapaces de crear vida
Después de un suspiro, me levanto
Necesito un nuevo escudo